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De Querétaro a Lyon

  • Foto del escritor: Gaceta UAQ
    Gaceta UAQ
  • 22 may 2024
  • 3 Min. de lectura

 

Mariel Mandujano Martínez estudió la Licenciatura en Lenguas Modernas en Francés en la UAQ, de donde se tituló en 2019. Actualmente trabaja como prefecta en el Lycée de Lyon, en Francia. Es la menor de dos hermanos y desde su infancia, sus padres, ambos maestros, le inculcaron la pasión por la enseñanza.


Durante su vida universitaria en la UAQ, Mariel realizó un intercambio en la Universidad de Nantes, Francia. A su regreso, mientras trabajaba en su proceso de titulación, comenzó a dar clases de francés. Gracias al trabajo de vinculación de la Facultad de Lenguas y Letras (FLL), aplicó al programa de Asistencia de Lengua en el Extranjero y fue aceptada. Sin embargo, debido a la contingencia por COVID-19, no pudo realizar la estancia.


Un año más tarde, intentó de nuevo con éxito y colaboró en el sistema educativo de Annonay a nivel básico y medio. Posteriormente, solicitó ingresar a un programa de maestría en la Universidad de Lyon, pero optó por cursar el último semestre de la licenciatura en lenguas y civilizaciones extranjeras con especialidad en español para adaptarse mejor al sistema educativo francés.


¿Cómo te decidiste por tu carrera?

La verdad es que fueron una serie de acontecimientos que se alinearon. Mi papá es maestro de Química y mi mamá de Español, y ambos “jugaban” conmigo y mis hermanos a “las clases”. Mi mamá tenía una amiga que enseñaba Francés, y en este gusto por aprender, pedí que me metieran a clases. Soy 100% UAQ y, cuando estaba en la prepa, una maestra me dio un tríptico sobre la Licenciatura en Lenguas Modernas en Francés. Fue toda una revelación, pues conjugaba todo lo que yo quería.


¿Cómo fue el proceso para decidirte a intentar en el extranjero?

A pesar de ser queretana de nacimiento y desenvolverme en un ambiente más tradicional, a los 17 años hice mi primer viaje a Francia con la escuela donde estudiaba el idioma. Desde entonces, desaparecieron muchas barreras mentales que tenía. Cuando entré a la carrera, sabía que buscaría hacer un intercambio. Mi red de apoyo jugó un papel muy importante; siempre me sentí cobijada y acompañada para seguir mi objetivo; en ellos encontraba mi motivación cuando me sentía perdida o estancada y, si sentía que las puertas se cerraban, buscaba abrirlas. Más tarde, recibí una beca de la facultad y tuve el apoyo de mis padres para sostenerme; también me organicé para llegar en verano, dos meses antes de mi admisión, para trabajar como niñera y ahorrar.


¿Cómo recuerdas tu paso por la UAQ?

Fue una etapa que disfruté mucho. Las personas que uno encuentra en la universidad tienen una gran calidad humana. Siempre sentí un gran acompañamiento, tanto académico como entre amigos. Al final del semestre, cuando llegaba lo pesado, era notable cómo nos organizábamos para el pequeño curso de Francés que teníamos que abrir como parte de la evaluación. Vivía cerca de la Facultad, así que al finalizar la jornada escolar, íbamos a mi casa, comíamos y regresábamos a presentar. Esa emoción por ver el resultado nunca se olvida. Este ejercicio me ayudó mucho para cuando me enfrenté a las aulas como profesora. La universidad marcó mi formación y mi metodología.


¿Cómo impactó la UAQ en tu persona?

La universidad fue mi primera puerta al mundo. Entrar es abrir la mente a una inmensidad de conocimientos y posibilidades. La UAQ me dio fuertes bases para ser la profesional que soy hoy; me dio seguridad para saber que estoy preparada y hasta dónde puede llegar mi alcance, porque tengo la certeza de mi preparación.


¿Qué mensaje puedes dar a los estudiantes?

Aunque suene cliché: sean perseverantes con su sueño. Infórmense, acérquense a personas que puedan abonar a ese sueño y que los puedan orientar, porque nada llega sentado en la banca sólo por esperar. Hay que hacer que pase, preguntar y preguntar hasta encontrar. Tengan la voluntad y paciencia para tocar diez puertas y que se abra una, incluso cuando la última persona o el último lugar diga que no. Así, podremos estar tranquilos de que no dependió de nosotros.

Den siempre lo mejor de ustedes, y que donde pasen, académica o laboralmente, dejen la mejor de las impresiones. Así, cuando miren al pasado y se comparen con el presente, podrán estar satisfechos de sus decisiones.

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